El CD Dénia firmó una victoria de enorme mérito en el Diego Mena al imponerse por 4‑2 a un Simat que nunca logró imponer su plan ante un conjunto dianense más intenso, más ordenado y, sobre todo, más decidido en los momentos clave.
El equipo de José Cabe salió con energía, decidido a mandar desde el primer minuto. Sin embargo, tras ese empuje inicial, el Simat logró asentarse y monopolizar la posesión durante varios tramos. Aun así, el Dénia golpeó primero: en el minuto 20, Ángel aprovechó un balón suelto en el área para definir con picardía y abrir el marcador.
El Simat respondió con su arma principal: balones largos buscando sorprender a la zaga local, aunque sin generar excesivo peligro. Pero en una de sus escasas llegadas claras, Vicente conectó un disparo ajustado al palo que devolvió la igualdad (1‑1). La reacción dianense fue inmediata: apenas cuatro minutos después, Izán, perfectamente habilitado, culminó una jugada colectiva para poner el 2‑1 con el que se llegó al descanso.

Inferioridad numérica y aparición de un líder
La segunda mitad arrancó con un Dénia obligado a jugar contra el viento y un Simat que adelantó líneas. El partido se torció para los locales cuando Aquino vio dos amarillas en apenas seis minutos, dejando a su equipo con diez y más de media hora por delante.
En ese escenario adverso emergió la figura de Panucci, que asumió galones y tiró del equipo. En el minuto 68 firmó el 3‑1 con un remate lleno de determinación. El Simat reaccionó rápido y Canovas recortó distancias dos minutos después, alimentando la incertidumbre.
El banquillo responde y Panucci sentencia
José Cabe movió ficha y recurrió al filial para refrescar al equipo. Los jóvenes respondieron con madurez, sosteniendo al Dénia en los momentos más delicados. Y cuando más falta hacía, volvió a aparecer Panucci: en el 76, conectó un soberbio testarazo para sellar el 4‑2 definitivo y desatar la euforia en la grada.
El pitido final fue celebrado como merecía un triunfo trabajado, sufrido y cargado de personalidad. El Dénia, plagado de bajas y obligado a remar contra el viento y la inferioridad numérica, mostró compromiso, orgullo y una capacidad de adaptación que le permitió superar todas las dificultades.
Una victoria que vale más que tres puntos y que refuerza la confianza de un equipo que supo competir en un contexto complejo y salir fortalecido.