Sociedad

La criatura marina desconocida que paralizó la costa de Dénia

Un extraño animal apareció frente al Molinell en 1761 y reunió a cientos de curiosos
Primera página del documento original del 'peixot del Molinell' | Andrés Jaen / Redacción

Dénia esconde muchos rincones cargados de misterio. Desde el pueblo fantasma hasta las rutas del Montgó, el pasado aparece una y otra vez entre sus paisajes. Pero si dirigimos la mirada hacia el este, encontramos otro escenario donde las historias se multiplican: el mar.

Durante siglos, el Mediterráneo ha sido una fuente inagotable de relatos, temores y leyendas. Y aunque hoy disponemos de conocimientos científicos que permiten identificar buena parte de las especies que lo habitan, sigue siendo, en muchos aspectos, un gran desconocido. Si todavía no conocemos toda la fauna y la flora que se esconden bajo sus aguas, resulta fácil imaginar lo que podía significar enfrentarse a una criatura desconocida hace más de dos siglos.

En 1761, algo extraño ocurrió en la zona del Molinell. Un animal de enormes dimensiones apareció en el mar y nadie sabía qué era. Lo extraordinario es que la historia no nace de una leyenda transmitida con el paso del tiempo. Existe un documento. Un manuscrito fechado el 2 de abril de 1761, conservado en la Biblioteca Valenciana y firmado por un hombre que se encontraba en Dénia en el momento de los hechos.

El periodista Toni Reig ha seguido el rastro de aquel testimonio. Y en sus páginas encontró el relato de un episodio que convirtió durante unas horas la costa dianense en el escenario de un misterio.

Todo comenzó con unos bramidos

La historia comenzó con un sonido, algunas personas que se encontraban trabajando por la zona del Molinell empezaron a escuchar unos bramidos procedentes del mar. No sabían identificarlos ni podían determinar qué animal los producía.

Según explica Toni Reig, el primero en acercarse fue un hombre llamado Ripoll. Poco después comenzaron a llegar agricultores y otras personas que trabajaban por los alrededores. Cuando miraron hacia el agua, encontraron algo, un bulto.

Pero no cualquier bulto. el periodista explica que «vieron un bulto muy grande. No parecía que fueran jarcias, velas ni una embarcación, y no sabían qué era. Era un bulto en medio del mar que se movía y del que surgían bramidos o sonidos que no podían identificar».

La descripción resulta tan sencilla como inquietante: una enorme masa en el agua y unos sonidos que nadie conseguía reconocer. Y entonces comenzó a correr la voz.

Una multitud frente al mar

La noticia se extendió rápidamente por la comarca. La curiosidad hizo el resto. Desde diferentes localidades comenzaron a llegar personas para comprobar con sus propios ojos qué estaba ocurriendo frente a la costa.

Vecinos de Ondara, El Verger y Els Poblets acudieron al lugar, pero también llegaron personas desde puntos más alejados, como Oliva o Gandia. Según el relato recogido por Reig, más de 500 personas llegaron a concentrarse en la zona.

La escena debió de ser extraordinaria: cientos de personas reunidas frente al Mediterráneo para contemplar algo que nadie era capaz de identificar.

Aquel animal estuvo horas agonizando y emitiendo gritos, mientras aquello se convertía, como dice el propio testimonio, en una especie de feria por toda la gente que se había concentrado allí.

La costa se había convertido en un espectáculo pero nadie había acudido todavía a contemplar una respuesta. Habían acudido a contemplar una pregunta. ¿Qué era aquel animal?

Veinte metros de misterio

La descripción que dejó escrita el testigo permite hacerse una idea de las dimensiones de la criatura. Y quizá sea precisamente ese aspecto el que explique el impacto que causó entre quienes la contemplaron.

Decía que medía noventa palmos de largo, que serían unos 20 metros, aproximadamente y de altura, unos cuatro metros. También decía que la boca era como la puerta de una casa, una puerta grande, y que tenía los dientes afilados.

Pero todavía había más: «También describe que tenía una cola muy fina y estrecha en comparación con el enorme tamaño de su cuerpo», añade el periodista.

Un animal de unos 20 metros, atrapado cerca de la costa, con una boca enorme, dientes afilados y una cola que contrastaba con el tamaño de su cuerpo.

Para quienes estaban allí, no era una especie conocida, era algo que imponía. Y cuanto más tiempo permanecía aquella criatura en el agua, más difícil parecía encontrar una explicación.

Arrastrado por las corrientes

Quizá el propio mar explique cómo llegó hasta allí. Las condiciones meteorológicas y las corrientes podrían haber arrastrado al animal hacia la costa, hasta una zona donde la profundidad apenas alcanzaba el metro y medio.

Una criatura de semejantes dimensiones podía encontrarse, de repente, atrapada en aguas demasiado poco profundas para regresar al mar abierto. Pero si el mar podía explicar su llegada, no explicaba el miedo que provocó.

Para los habitantes de aquella época, la fauna marina que conocían estaba limitada en buena medida a las especies que podían observar habitualmente. Los grandes animales que atravesaban el Mediterráneo no formaban parte de su experiencia cotidiana.

Una muerte entre disparos y arpones

El animal llevaba horas agonizando mientras la multitud observaba desde la costa. Hasta que algunos decidieron intervenir. Quienes tenían escopetas comenzaron a disparar contra la criatura, mientras otros le lanzaban arpones.

La violencia no consiguió acabar rápidamente con su vida. Según el testimonio, «le cruzaban las balas, mas con ellas no podían matarlo, que es cosa rara».

La escena debió de ser estremecedora. El animal continuaba resistiendo mientras la sangre teñía el agua y cientos de personas contemplaban desde la orilla una agonía que se prolongaba durante horas.

Finalmente, la criatura murió. Pero su muerte no acabó con el misterio. Al contrario, abrió una nueva pregunta: ¿qué era realmente aquel animal?

Cuando lo desconocido se convierte en monstruo

Con la criatura ya muerta, comenzaron las especulaciones. Algunos pensaron que podía tratarse de un tiburón o una ballena. Otros fueron más lejos y llegaron a considerarlo un auténtico monstruo marino.

Para entender aquellas interpretaciones hay que situarse en 1761. Los marineros y pescadores conocían las especies que encontraban habitualmente en sus rutas y zonas de pesca, pero buena parte de la fauna que habitaba mar adentro quedaba fuera de su alcance.

El Mediterráneo era, en muchos aspectos, un territorio desconocido.

Por eso, la aparición de un animal de grandes dimensiones y poco frecuente podía resultar difícil de explicar. Cuando no existe una explicación, el desconocimiento deja espacio a la imaginación. Y en aquella época, una criatura desconocida podía convertirse fácilmente en un monstruo.

La criatura de las leyendas

Las interpretaciones llegaron incluso al terreno de la leyenda. El episodio se relacionó con la orjena, un supuesto monstruo marino perteneciente al imaginario de la época.

Sin embargo, el propio relato contiene una pista que apunta hacia una explicación mucho más terrenal.

El testigo describe que el animal tenía un pequeño orificio entre los ojos por el que expulsaba agua hacia arriba. Para Toni Reig, ese detalle permite pensar que podía tratarse de una ballena, posiblemente de las que todavía hoy atraviesan las aguas frente al Cap de Sant Antoni, especialmente durante la primavera.

Las dimensiones también encajarían con esta hipótesis: un animal de gran tamaño, con aletas y una fuerza considerable. Y ahí aparece otro elemento fundamental para comprender el miedo que provocó.

Para los marineros y pescadores de entonces, el peligro no estaba necesariamente en que aquella criatura fuera un monstruo. Estaba en lo que podía hacer.

Un animal de semejantes dimensiones podía golpear una pequeña embarcación y provocar un naufragio. El temor nacía, por tanto, de una combinación de desconocimiento y peligro real: no sabían qué tenían delante, pero sí podían imaginar las consecuencias de encontrarse con algo así en el mar.

El monstruo tenía un precio

La historia no terminó cuando el animal murió. Dénia y Oliva se disputaron la criatura, esta vez no para averiguar a qué especie pertenecía, sino por lo que podían aprovechar de su cuerpo.

La grasa podía utilizarse para fabricar aceite; también podían aprovecharse la carne y las espinas. El animal que unas horas antes había provocado miedo, curiosidad y asombro se había convertido en un recurso. Y así, mientras comenzaban a desaparecer los restos de aquella criatura, también parecía desvanecerse el misterio.

Una respuesta que no termina de cerrar la historia

Hoy, la explicación más razonable apunta a que aquella criatura pudo ser una ballena. Sus dimensiones, la presencia de aletas y, sobre todo, el orificio por el que expulsaba agua encajan con la hipótesis planteada por Toni Reig.

El único testimonio conservado fue escrito por un hombre que intentó describir lo que tenía delante con los conocimientos y las herramientas de su tiempo. Es posible que las medidas no fueran exactas o que algunas características se interpretaran desde el desconocimiento. También es posible que el miedo y la expectación influyeran en la percepción de quienes contemplaron al animal.

Lo que parece fuera de toda duda es que algo extraordinario apareció aquel día frente a la costa de Dénia.

Un animal que reunió a cientos de personas, que permaneció durante horas en aguas poco profundas y que terminó muriendo entre disparos y arpones. Alguien estuvo allí y decidió dejar constancia de lo ocurrido.

Gracias a aquel manuscrito, la historia ha sobrevivido durante más de 260 años. Quizá hoy podamos ponerle nombre a aquel supuesto monstruo y concluir que, sencillamente, era una ballena, aunque la certeza no sea absoluta.

Ahí reside precisamente el misterio: cuanto más conocemos el mar, más conscientes somos de todo lo que todavía desconocemos. En 1761, una criatura marina podía convertirse en un monstruo simplemente porque nadie sabía cómo llamarla; más de dos siglos después, quizá tengamos una explicación probable, pero no una respuesta definitiva.

El mar continúa frente a Dénia, aparentemente tranquilo, guardando bajo su superficie criaturas conocidas y otras que todavía no hemos visto. Tal vez por eso hay historias que no necesitan un monstruo para seguir siendo un misterio. A veces basta con un animal desconocido, una costa, cientos de personas mirando hacia el agua y una pregunta que todavía permanece abierta: ¿Qué fue realmente aquello que apareció en el mar del Molinell?

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