Ha pasado una semana desde que la DANA Adam golpeara con especial dureza a la Marina Alta. Siete días después de las lluvias torrenciales del 18 y 19 de octubre, que provocaron el desbordamiento del río Girona, la comarca continúa intentando recuperar la normalidad.
Pero, más allá de las imágenes de calles inundadas, vehículos arrastrados por la corriente y viviendas cubiertas de barro, el temporal ha dejado una huella mucho más difícil de medir: la emocional.
La vida comienza a abrirse paso entre los desperfectos, las tareas de limpieza y los trámites para solicitar ayudas. Sin embargo, para muchas familias, volver a la normalidad no consiste únicamente en reparar una vivienda o sustituir los muebles perdidos. También supone recuperar la tranquilidad, superar el miedo y volver a sentirse seguras en sus propios hogares.
Siete días después: una comarca que intenta levantarse
El lunes 19 de octubre quedará grabado en la memoria de muchos vecinos de la Marina Alta. El desbordamiento del río Girona provocó graves inundaciones en Els Poblets y El Verger, mientras que municipios como Pego también sufrieron importantes consecuencias por las precipitaciones.
El agua irrumpió en viviendas, bajos comerciales, garajes y calles, arrastrando vehículos y dejando tras de sí numerosas pérdidas materiales. Los equipos de emergencia tuvieron que intervenir para auxiliar a personas atrapadas, mientras los ayuntamientos comenzaban a organizar los trabajos de limpieza y atención a los damnificados.
En Els Poblets, uno de los municipios más castigados, el alcalde, José Luis Mas, advertía durante las primeras horas de la emergencia: «Los vecinos que sean fuertes, vienen días duros para Els Poblets».
Una semana después, aquellas palabras siguen reflejando la magnitud del desafío. El temporal ha dado paso a una etapa de recuperación en la que conviven los trabajos materiales, las gestiones administrativas y la incertidumbre de quienes todavía tratan de calcular todo lo perdido.
El lado más humano de la DANA: vecinos ayudando a vecinos
Si algo ha dejado también esta emergencia es una respuesta solidaria que ha vuelto a poner de manifiesto la importancia de la comunidad en los momentos difíciles.
Durante los días posteriores a las inundaciones, vecinos, voluntarios, familiares y amigos se han movilizado para colaborar en la limpieza de viviendas, retirar barro, recuperar pertenencias y ayudar a quienes más lo necesitan.
Detrás de cada casa inundada hay una historia personal. Fotografías familiares, recuerdos de toda una vida, muebles, electrodomésticos y objetos cotidianos que, de repente, han quedado dañados o inutilizados.
A estas pérdidas se añade la preocupación por el futuro: cuánto costarán las reparaciones, cuándo llegarán las ayudas, qué cubrirán los seguros o cuánto tiempo será necesario para volver a vivir con normalidad.
Pero también hay otra realidad que merece ser contada: la de quienes, pese a haber sufrido daños en sus propias casas, han encontrado fuerzas para echar una mano a otros afectados. La solidaridad vecinal se ha convertido en uno de los principales apoyos para muchas familias. Y es que, en situaciones como esta, un gesto tan sencillo como ofrecer ayuda, acompañar a una persona mayor o escuchar a quien lo está pasando mal puede adquirir un valor incalculable.
Después del agua y del barro, llega el impacto emocional
La recuperación tras una catástrofe no termina cuando se retiran los escombros o se limpian las calles.
El miedo vivido durante las inundaciones, la sensación de impotencia, la pérdida de bienes personales y la incertidumbre económica pueden tener consecuencias emocionales importantes.
Algunas personas pueden experimentar dificultades para dormir, nerviosismo ante nuevas lluvias, tristeza, ansiedad o una sensación constante de inseguridad. Son reacciones que pueden aparecer después de haber vivido una situación de especial tensión y que no deben ignorarse.
Esta realidad puede afectar a personas de cualquier edad, desde niños que han vivido con miedo el temporal hasta personas mayores que han visto cómo sus hogares se inundaban.
Por ello, junto a las actuaciones de reconstrucción y las ayudas económicas, resulta fundamental prestar atención al bienestar psicológico de la población.
Atención psicológica gratuita a las personas afectadas por la DANA
En este contexto, la Mancomunitat de Serveis Socials de la Marina Alta (MASSMA), a través de los Servicios Sociales Municipales de Els Poblets, difunde un servicio de atención psicológica gratuita dirigido a las personas afectadas por la DANA.
La iniciativa ofrece un espacio seguro y confidencial, atención personalizada y apoyo emocional en momentos difíciles, con asistencia dirigida a personas de todas las edades.
Bajo el mensaje «Te escuchamos, te acompañamos, te ayudamos», este recurso pretende facilitar que los afectados puedan expresar cómo se sienten y recibir acompañamiento profesional durante el proceso de recuperación.
La atención se presta en el Ayuntamiento de Els Poblets. Las personas interesadas pueden solicitar información a través de los siguientes teléfonos: 674 295 543 | 626 573 518 | 681 101 697
Este servicio recuerda que pedir ayuda psicológica también forma parte de la recuperación y que las secuelas de una inundación no siempre son visibles.

Reconstruir viviendas, pero también recuperar la tranquilidad
Una semana después de la DANA Adam, la Marina Alta continúa afrontando las consecuencias de uno de los episodios meteorológicos más difíciles que ha vivido recientemente. Y que ha hecho recordar aquel 12 de octubre de 2007, cuando se produjo la riada del Girona, desbordándose en El Verger, Els Poblets y Beniarbeig, donde se llevó por delante el puente.
Por delante quedan reparaciones, valoraciones de daños, solicitudes de ayudas y actuaciones para recuperar los espacios afectados. También permanece abierto el debate sobre la prevención, el mantenimiento de cauces y la necesidad de reducir la vulnerabilidad de los municipios ante futuros episodios de lluvias extremas.
Pero junto a todas estas cuestiones existe otra prioridad que no debe pasar desapercibida: las personas. Porque detrás de cada cifra de daños hay familias, vecinos y pequeños negocios que intentan empezar de nuevo. Y porque la recuperación de una comarca no se mide únicamente por las calles que vuelven a abrirse o las viviendas que se reparan, sino también por la tranquilidad que consiguen recuperar quienes las habitan.