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Cinq villages de charme dans la Marina Alta

Découvrez cinq villages de l'arrière-pays à visiter dans la région
Vista de la Vall de Gallinera / Joan Banjo vía Wikimedia Commons

El turismo centrado en la época estival y la costa en ocasiones puede llegar a eclipsar otro tipo de riqueza que también alberga la comarca. La Marina Alta no solo ofrece increíbles playas y calas sino que también es el lugar ideal para los amantes del turismo activo. Además de los deportes acuáticos hay de cantidad de rutas de senderismo en la montaña a tan solo unos cuantos kilómetros del mar así como rutas para ciclistas. Los amantes de la naturaleza tienen mucho por recorrer en el interior de la comarca aunque es también un territorio muy rico en patrimonio cultural, gastronomía y productos de la tierra. Los siguientes lugares bien merecen una escapadita.

Senija

Esta localidad tiene mucha tradición del cultivo de la uva y la elaboración de pasas así podrás recorrer sus riuraus, construcciones típicas de la zona donde se secaba la uva. Una escapada rural a este pueblo con ambiente tranquilo y mediterráneo no dejará indiferente. Destaca también su gastronomía: tienes que probar sus embutidos y platos como la borreta o el mullat. Por otro lado, muchos visitantes acuden para ver los murales de arte urbano del MOS, el Museu Obert de Senija. Es un museo al aire libre en el que las fachadas de las casas se convierten en obras pictóricas que hablan de la vida, las costumbres y la historia de Senija.

Fuente: Joan Banjo

La Vall de Galllinera

Es uno de los tesoros mejor escondidos de la provincia de Alicante. Es un precioso valle que agrupa un conjunto de ocho pequeños pueblecitos y cuenta con un recorrido que los atraviesa. La ruta de los ocho pueblos de la Vall de Gallinera tiene una distancia de 14 kilómetros (solo ida). El trayecto no presenta dificultades, se puede hacer a pie, en bicicleta o incluso en coche. El paisaje es maravilloso y si lo visitamos en primavera podremos disfrutar de los cerezos en flor. Por ejemplo, La Carroja es uno de estos pueblos de casitas blancas y de piedra de origen morisco y rodeado por el entorno natural. Podemos aprovechar para alojarnos en alguna casa rural y disfrutar de la cocina tradicional de la zona y los productos típicos como el aceite, las cerezas, las almendras, los embutidos o la miel.

Fuente: Joan Banjo

Parcent

Este pueblo invita a calzarse las deportivas y caminar. Pese a que es pequeño, esta localidad alberga rutas muy populares, como la circular por la Serra del Carrascar con vistas a toda la Marina Alta y Baixa. Si eres un amante de la bicicleta o de las motos tienes que subir sí o sí al Coll de Rates. Y también está la Ruta de les Fonts, un recorrido por las fuentes y lavaderos que son tan característicos en los pueblos de la comarca. El paseo por su núcleo en sí, lleno de cuestas y calles estrechitas infunde paz y tranquilidad. ¡Y no te vayas sin probar el vino de alguna de sus bodegas!

Fuente: Joan Banjo

L’Atzúbia

Este municipio está a las puertas de la Vall de Gallinera. Está situado entre montañas en un entorno natural encantador. Su casco histórico es de origen musulman y destaca la fuente morisca que trae agua de la sierra. La Iglesia de San Vicente Ferrer y el peculiar trazado urbanístico convierten a la localidad en un conjunto de interés histórico. En lo alto de una colina podemos encontrar el Castell de Forna cuya torre más antigua se construyó en el siglo XIII. Y, no muy lejos, no podemos perdernos la Cova Canolobres, una cavidad casi desconocida en la Comunidad Valenciana.

Fuente: Ayuntamiento de Adsubia

Gata de Gorgos

Muchas personas se desplazan hasta este municipio solo para comprar en sus tiendas de artesanía en las que destacan la cerámica y el mimbre tradicionales de la localidad. Dar un paseo por las calles de Gata puede ser una experiencia de lo más sorprendente. Además de contemplar la Iglesia de San Miguel Arcángel y la plaza del pueblo, donde se concentra la vida del municipio, a lo mejor vuelves a casa con alguna cesta de mimbre, algún taburete o algún sombrero. De hecho, el pueblo tiene un museo dedicado a la artesanía local y otro a la fabricación de guitarras. Por último, no puedes dejar de ver la ermita del Santísimo Cristo del Calvario, una pequeña ermita muy acogedora, blanca con la característica cúpula azul valenciana.

Fuente: Ajuntament de Gata

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