La tragedia del terremoto en Venezuela ha dejado cifras terroríficas; más de 2.500 personas que han perdido la vida según el recuento oficial del gobierno a la hora de publicación de este artículo. Todavía quedan desaparecidos, miles de personas heridas y daños materiales incalculables por tasar.
Tendemos a quedarnos únicamente con los datos que reflejan la desesperación del pueblo venezolano en estos momentos, pero existen historias de esperanza que merecen estar en portada. Desde Dénia FM 92.5 y marinaalta.es, hemos tenido la oportunidad de conocer de cerca el caso de Ángel Raga, que, junto a su familia, vivía en un bloque de 16 pisos en La Guaira, zona cero de los sismos.
Mientras trabajaba fuera de casa, junto a su cuadrilla de compañeros con un camión a kilómetros de distancia, notaron el temblor de la tierra. Dieron la vuelta, y de camino a su ciudad vieron la devastación a su paso.
Sepultadas tras el colapso de un bloque de 16 pisos
Al llegar a lo que anteriormente era su casa, el edificio en el que se supone que debería estar su hogar, se había venido abajo, convirtiéndose en un amasijo de hierros y hormigón. «Nosotros teníamos el apartamento en el segundo piso, se desplomaron 14 pisos sobre nuestro techo», comenta Raga. Ante la desesperada estampa, Ángel junto a sus compañeros empezaron a buscas por los alrededores alguna señal de sus cuatro hijos y su mujer, sin señales ni modo de encontrarlos.
«Recogimos herramientas y rezamos a Dios para encontrar a mi familia bajo los escombros. Fue cuando vi una mata, una planta que estaba junto a nuestra ventana, y eso me dio esperanzas. Empecé a gritar el nombre de mis familiares, y fue entonces cuando escuché la voz de mis hijas», relata Raga. La cuadrilla empezó a levantar las piedras, los restos de muebles, hierros y polvo.
Tras arduo trabajo, consiguieron dar con la fuente de los gritos de auxilio: las tres niñas se encontraban vivas. Justo en ese instante, uno de los compañeros corrió a por agua y mantas a un puesto cercano donde también se aglutinaba gente malherida. Fue entonces cuando la historia brilló con luz propia.
«Mi amigo regresó corriendo y gritando, tenía que seguirle porque mi mujer y mi otro hijo se encontraban allí, heridos. No me lo podía creer, corrí a sus brazos, con mi hijo que tenía una pierna rota y mi mujer malherida, pero vivos. Estamos todos vivos, mi familia y yo somos un milagro de la tragedia», recuerda entre lágrimas Ángel al teléfono mientras relata su historia.
Solidaridad y esperanza
A pesar de las heridas, pudieron volver a reunirse y gracias a la ayuda de familiares en Caracas, pudieron tratar a sus hijos con premura y evitar males mayores. En estos momentos, la familia permanece en la habitación de un apartamento de una desconocida solidaria, a la espera de ver si el gobierno ofrece posibilidades habitacionales para los damnificados.
«Poder estar con mi familia después de lo que hemos visto, es un auténtico milagro. Solo podemos dar las gracias a toda la gente que nos ha ayudado y que se está volcando por Venezuela», se sincera Riga.
Puedes escuchar la entrevista al completo en el siguiente pódcast.