La concentración de apoyo a Ceuta, celebrada el miércoles 2 de septiembre, en la plaza Miguel Roselló de Calp estuvo marcada por los abucheos y las protestas dirigidas a la alcaldesa, Ana Sala, durante la lectura del manifiesto institucional.
El acto, convocado por la Federació Valenciana de Municipis i Províncies (FVMP) y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), reunió a alrededor de 400 personas, según las estimaciones de la Policía Local.
Durante su intervención, la alcaldesa trasladó un mensaje de solidaridad con los vecinos de Ceuta y destacó que la situación que atraviesa la ciudad autónoma afecta a “personas” y “familias”, más allá de cualquier consideración política. Sin embargo, sus palabras provocaron las críticas y gritos de algunos asistentes, que interrumpieron la lectura del manifiesto e impidieron que Sala pudiera concluir su intervención.
Ante la situación generada, cedió el turno de palabra a dos personas presentes en la concentración con vinculación directa con Ceuta: una mujer natural de la ciudad autónoma residente actualmente en Calp y un hombre nacido allí y con familia en Ceuta, quienes ofrecieron su testimonio sobre la situación que atraviesa la ciudad.
El PSOE se marcha «avergonzado»
Por su parte, miembros del grupo municipal socialista de Calp acudieron a la concentración (desobedeciendo las directrices del PSOE), según se indicó a través de un comunicado de prensa, «desde la prudencia y la empatía, sin siglas y sin pancartas, con la única intención de acompañar» y mostrar su apoyo a la población ceutí.
No obstante, «se marcharon, avergonzados», añade el propio comunicado, «cuando padres y madres de familia corearon insultos hirientes contra los máximos representantes institucionales delante de sus propios hijos», y también «después de escuchar cómo se abucheaba a la alcaldesa mientras leía un manifiesto que, en teoría, todos los presentes compartían».
En el comunicado los socialistas aseguraron «no cuestionamos a quien acudió de buena fe», sino que «cuestionamos la forma», ya que a su entender «un movimiento cívico no puede articularse sobre el insulto», añadiendo que «cuando la consigna sustituye al argumento, cuando se abuchea a quien lee un texto de consenso y cuando el dolor de una ciudad se convierte en munición contra un adversario político, lo convocado ya no es un acto de apoyo: es otra cosa. Se puede discrepar de un gobierno —de cualquier color— con toda la contundencia democrática del mundo. Lo que no se puede es enseñar a un niño de ocho años que así es como se discrepa en España».

