Sociedad

«No hay camas»: el Hospital de Dénia cancela por segunda vez la operación de un paciente que lleva dos años y medio esperando

En la puerta del quirófano, con una bolsa de ostomía, y sin poder proceder con su intervención
Hospital de Dénia / Redacción

Dos años y medio viviendo con una bolsa de ostomía, dos preparaciones preoperatorias en apenas una semana y dos operaciones canceladas. Es la situación que denuncia Pedro, un paciente del Hospital de Dénia que asegura haber vivido un nuevo episodio de desesperación este miércoles, 7 de octubre, cuando, después de ingresar a las siete de la mañana y prepararse para la intervención que llevaba tanto tiempo esperando, recibió una noticia inesperada: no iba a ser operado.

Según su testimonio, la explicación que le trasladaron fue tan breve como contundente: «NO HAY CAMAS».

La intervención, que inicialmente estaba prevista para el 30 de septiembre, ya había sido suspendida una primera vez el día anterior a su realización. Una semana después, cuando Pedro pensaba que por fin llegaba el momento de dejar atrás una situación que debía haber sido temporal, volvió a encontrarse con la misma respuesta: otra cancelación y ninguna nueva fecha para operarse.

El afectado ha decidido hacer pública su experiencia y exigir responsabilidades a la dirección del centro sanitario. Denuncia la falta de recursos, la incertidumbre y el desgaste físico y emocional que supone someterse dos veces a la preparación de una operación para que finalmente no llegue a realizarse.

Un año de ostomía que se prolonga durante dos años y medio

La historia de Pedro comenzó hace aproximadamente dos años y medio, cuando tuvo que someterse a una intervención que le obligó a utilizar una bolsa de ostomía.

Según explica, los profesionales le indicaron inicialmente que esta situación sería temporal y que, previsiblemente, tendría una duración aproximada de un año.

Sin embargo, han pasado dos años y medio y continúa utilizando la bolsa. Después de una espera mucho más prolongada de lo previsto, por fin recibió una fecha para una nueva intervención: el 30 de septiembre de 2026.

Aquella cita representaba la posibilidad de poner fin a una etapa especialmente larga de su vida. No obstante, un día antes de la operación, cuando ya había realizado durante dos jornadas la preparación necesaria, recibió una llamada en la que se le comunicaba que la cirugía quedaba aplazada una semana.

La frustración de aquella primera suspensión daría paso, siete días después, a una situación todavía más difícil de asumir.

Preparado para entrar en quirófano y de nuevo sin operación

El miércoles 7 de octubre, Pedro acudió al Hospital de Dénia a las 7:00 horas, tal como tenía previsto. Por segunda vez en una semana había tenido que afrontar los preparativos de una intervención de estas características, con las molestias y el desgaste que conllevan.

Esta vez, sin embargo, no recibió la cancelación mediante una llamada el día anterior. Según relata, ya había ingresado en el hospital, había sido preparado para la intervención y estaba a punto de entrar en quirófano cuando le comunicaron que tampoco iban a operarlo.

«No lo podemos operar».

Así reproduce Pedro las palabras que recibió en el centro sanitario. Cuando preguntó por el motivo, asegura que la respuesta fue: «NO HAY CAMAS».

Una explicación que ha desatado su indignación y que plantea una pregunta inevitable: ¿Cómo puede llegar un paciente hasta las puertas del quirófano sin que esté garantizada la disponibilidad de los recursos necesarios para completar su proceso quirúrgico?

La falta de camas es el motivo que Pedro afirma que le comunicaron, aunque no se dispone de una explicación oficial del hospital que permita determinar qué circunstancias provocaron la suspensión. Lo que sí deja claro su denuncia es que, después de dos cancelaciones, continúa esperando una intervención para la que ni siquiera se le ha facilitado una nueva fecha, según sostiene.

«Nadie ha venido a darnos una explicación»

La segunda suspensión no es el único motivo de indignación del afectado. Pedro denuncia también la falta de información y de respuestas por parte de los responsables del hospital tras lo sucedido.

«Nadie ha venido a darnos una explicación y ni siquiera nos han dado una nueva fecha para la operación».

Es una de las afirmaciones más significativas de su denuncia pública, en la que cuestiona que un paciente pueda atravesar dos preparaciones quirúrgicas, sufrir dos cancelaciones y quedarse sin saber cuándo se resolverá su situación.

El caso pone sobre la mesa las consecuencias de una suspensión quirúrgica que van mucho más allá del cambio de fecha en una agenda hospitalaria. Para quien lleva años esperando una intervención, cada nueva cita supone expectativas, preparación y la esperanza de avanzar en su recuperación.

Dos operaciones canceladas en una semana no son, para Pedro, un simple contratiempo administrativo, sino una experiencia que asegura haber vivido con un importante desgaste físico y emocional.

La amarga ironía: una exposición sobre pacientes ostomizados

La denuncia coincide con una circunstancia especialmente llamativa. Apenas unos días antes, el Hospital de Dénia había inaugurado «Herois», una exposición fotográfica protagonizada por ocho pacientes ostomizados para dar visibilidad a sus experiencias, su capacidad de adaptación y las dificultades que afrontan en su vida cotidiana.

La iniciativa, vinculada al Día Mundial del Paciente Ostomizado, pretende sensibilizar a la sociedad sobre las necesidades de estas personas.

Sin embargo, mientras el hospital exhibe las historias de quienes conviven con una ostomía, Pedro denuncia que lleva dos años y medio con una bolsa y que le han suspendido dos veces la operación que esperaba.

La coincidencia no implica que exista relación entre ambos hechos ni resta valor a la exposición o a los profesionales que la han impulsado. Pero sí dibuja un contraste difícil de ignorar entre la sensibilización institucional y la experiencia asistencial que denuncia este paciente.

Porque, para Pedro, el problema no es la falta de reconocimiento público de su situación, sino seguir esperando una operación, después de dos intentos fallidos, sin saber cuándo podrá ser intervenido.

Su caso sigue pendiente de una solución, según su propio relato. Mientras tanto, exige responsabilidades y reivindica algo que considera elemental: poder recibir la atención sanitaria que necesita sin nuevos aplazamientos injustificados.

Su mensaje final resume la indignación acumulada durante estos dos años y medio de espera:

«No pedimos un privilegio. Pedimos una SANIDAD DIGNA».

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