Dénia despide a Salvador Pérez Vilaplana, más conocido como el Polit, una de las figuras más reconocibles y queridas del barrio marinero, conocido durante décadas como ‘el alcalde de Baix la Mar’.
Decimos adiós a uno de esas personas que con el tiempo crean su propio personaje, su leyenda. Terminan formando parte del paisaje humano de una ciudad.
Una despedida amarga
Su muerte deja un vacío especialmente visible en Baix la Mar, el barrio con el que estuvo estrechamente ligado durante décadas y donde su presencia cotidiana acabó convirtiéndose en una de esas estampas que los vecinos identifican con la propia personalidad de Dénia.
El Polit no necesitaba ningún cargo oficial para ejercer de alcalde. Su despacho era un banco de la plaça de Sant Antoni y su actividad, conversar. Allí pasaba buena parte de sus días, viendo desfilar generaciones de vecinos, comerciantes, visitantes y amigos. Su capacidad para entablar conversación con prácticamente cualquiera terminó convirtiéndolo, entre la broma y el cariño, en el «alcalde de Baix la Mar».
Una consideración que no quedó únicamente en el imaginario popular. En 2025, el Ayuntamiento recuperó la placa que llevaba su nombre y que había sido colocada años atrás durante la etapa de la alcaldesa Paqui Viciano. La inscripción identifica el lugar como el «Banquet de Salvador Pérez Vilaplana, el Polit». El alcalde Vicent Grimalt fue quien cumplió la promesa que le había hecho y volvió a colocarla en su banco de la plaza de Sant Antoni.
Un vecino convertido en símbolo de Baix la Mar
La historia del Polit está especialmente ligada a la transformación que ha experimentado Baix la Mar en las últimas décadas. El barrio marinero ha cambiado, han desaparecido negocios y han aparecido nuevos espacios, pero la figura de Salvador permaneció como una constante.
Allí, donde tenía su hogar entre emplazamientos turísticos, mantenía su esencia.
Su territorio tampoco terminaba en la plaza de Sant Antoni. Con el paso de los años era habitual encontrarlo en distintos rincones de su barrio, también en espacios de nueva creación como Els Magazinos, donde tenía su sitio fijo y continuaba ejerciendo, a su manera, de anfitrión, observador y conversador.
Ese contraste entre el Baix la Mar de siempre y el nuevo barrio que iba creciendo alrededor de él formaba parte también de la personalidad del Polit. Era un vecino profundamente asociado a una Dénia que cambiaba sin dejar de reconocerle.
Aquel momento tuvo algo de simbólico: el banco volvía a tener el nombre de quien durante tantos años lo había convertido en punto de encuentro.
Su biografía está, en buena medida, escrita en las calles de Baix la Mar: en las conversaciones de la plaza, en los saludos de quienes pasaban junto a él y en las historias que los vecinos han ido acumulando durante años. Su vida como marinero, también daba mucho de qué hablar. Un bromista.
Este redactor, recuerda una anécdota concreta: una trapa del carrer Pont abierta, una caña de pescar y un pulpo colgando. Si te acercabas y le preguntabas que estaba haciendo: «Estic peixcant, voras quin polp». Tiraba del sedal y efectivamente, ahí estaba el pulpo. Su risa inundó la calle y, para los niños que disfrutaban de una tarde fallera frente al casal, desde ese instante, Dénia tenía pulpos en las alcantarillas. Como Nueva York con los caimanes.
Esas anécdotas, que todos tendremos alguna con él, son las que han forjado un icono para la ciudad.
El banco de la plaça de Sant Antoni seguirá allí. También la placa que lleva su nombre. Pero faltará quien durante tantos años le dio sentido.
Baix la Mar pierde a uno de sus vecinos más reconocibles. Y Dénia dice adiós a el Polit, un hombre que, sin necesidad de ser alcalde, consiguió algo que pocos alcanzan: convertirse en parte de la memoria colectiva de toda una ciudad.