«El agua sale marrón de los grifos, no hay derecho». Esta es la desesperada denuncia de un vecino de la Vall de Laguar, quien ha compartido un vídeo con nuestra redacción donde se muestra la grave situación que siguen viviendo los habitantes de este municipio, sin acceso a agua potable.
Desde principios de 2026, la comunidad se enfrenta a un nuevo episodio de la crisis del agua, un problema que parece no tener fin, y que ha obligado a depender de camiones cisterna para abastecerse.
A pesar de los esfuerzos por encontrar una solución definitiva, la situación persiste. Desde principios de año, los residentes de la Vall de Laguar no han tenido más opción que depender del suministro de agua mediante cisternas, lo que ha generado un alto coste económico para el municipio. Este sistema temporal es insostenible a largo plazo, y la falta de una solución que permita acceder a agua potable sigue sin resolverse, a pesar de las inversiones realizadas para tratar de solucionar el problema.
Una planta de filtración insuficiente
En junio de 2025, la Diputación de Alicante inauguró una planta de filtración de agua con una inversión de 600.000 euros, con la promesa de que acabaría con la turbidez del agua. Sin embargo, la planta ha fracasado en su cometido, especialmente cuando los niveles de turbidez superan los 30 NTU, provocando que la instalación colapse. Actualmente, los niveles han alcanzado los 300 NTU, dejando a los vecinos sin acceso a agua potable. El problema no es nuevo, como explicó Marina Marhuenda, concejala de Cultura de la localidad, quien recordó que esta situación viene arrastrándose desde hace más de 30 años.
A pesar de las promesas de la Diputación de Alicante, la planta de filtración no ha sido capaz de dar una solución real y efectiva. En 2021, el coste inicial estimado para la construcción de la planta era de 200.000 euros, pero el precio final se triplicó, lo que generó aún más frustración entre los habitantes.
Marhuenda detalló que una opción viable hubiera sido subir el agua desde Orba, donde existe una planta de filtración que funciona correctamente, pero el alto coste de esta opción, alrededor de 500.000 euros, llevó a optar por la planta que ahora no está cumpliendo su función.
La concejala explicó también que la turbidez del agua podría tener causas aún no comprendidas, mencionando teorías sobre movimientos sísmicos en la zona, aunque nada ha sido confirmado hasta el momento. Mientras tanto, el municipio espera los resultados de una auditoría que determine qué medidas tomar y si la Diputación podrá finalmente ofrecer una solución definitiva.
Un coste demasiado elevado a largo plazo
El coste de los camiones cisterna es uno de los aspectos más críticos de la situación. Cada día de servicio de un camión cisterna supone un gasto de 500 euros, un gasto elevado que, según Marhuenda, es insostenible a largo plazo. «Es una solución temporal y cara, pero es lo único que podemos hacer mientras no tengamos una solución definitiva», señaló.
Esta situación continúa generando un creciente malestar entre los vecinos de la Vall de Laguar, quienes, aunque comprenden las dificultades, no dejan de expresar su descontento por la falta de acciones efectivas por parte de la Diputación. La promesa de una solución definitiva parece aún lejana, mientras los habitantes del municipio siguen luchando por acceder a uno de los recursos más básicos y esenciales: el agua potable.